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2014-08-29
El colchón sucio, las ratas y las NNUU

La desigualdad sigue siendo un insulto a la condición humana: casi mil millones de personas viven con hambre y en la pobreza extrema

Pobreza en Bangladesh
Foto: Kibae Park / UN Photo

Por Alessandra Nilo y Vera Masagão Ribeiro


Posterior a la Declaración del Milenio de 2000, las Naciones Unidas, conducidas por el ghanés Kofi Annan, establecieron los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) buscando orientar los esfuerzos de la comunidad internacional para el desarrollo hasta el año 2015.

Lejos de ser un acuerdo ideal o vinculante (que se convierte en ley nacional al ser firmado), los ODM también fueron considerados reduccionistas delante del consagrado Ciclo de Conferencias Sociales de los años 90 y dejaron de lado cuestiones centrales, silenciando, por ejemplo, una ya evidente epidemia global de violencia contra las mujeres. Sin embargo, a pesar de las críticas, bastante dinero fue movilizado bajo el eslogan “Ocho Maneras de Cambiar el Mundo”, y ese esfuerzo multilateral hizo llegar inversiones en áreas esenciales. Pero, en general, los recursos y el involucramiento de los líderes fueron insuficientes para el alcance de todos los Objetivos acordados.

Luego de una década de trabajo, ya en 2011, las NNUU reconocieron que empoderar a las mujeres, desarrollar industrialmente y en escala dentro de un modelo ambientalmente sostenible y proteger a las personas más vulnerables de las múltiples crisis (como volatilidad en los precios de los alimentos y la energía, por ejemplo) y guerras no es una tarea simple, ni pequeña. En tiempos de Piketty, es fácil probar las inequidades que persisten y se amplían. A pesar de la “nueva geopolítica”, de los avances tecnológicos y de la disminución de la pobreza extrema en países como Brasil y China, la desigualdad sigue siendo un insulto a la condición humana: casi mil millones de personas viven con hambre y en la pobreza extrema, a pesar de los datos abundantes que denuncian los dañinos impactos de este modelo, marcado por la concentración de riqueza y en el cual la pobreza sigue siendo la causa y la consecuencia de relaciones desiguales de poder, ya sea del punto de vista de género, económico o racial.

De esa forma, a pesar del plazo de validez hasta el 2015, el debate sobre el futuro post-2015 capturó la agenda desde la Conferencia sobre Desarrollo Sostenible - la Rio +20, llevada a cabo en Brasil en 2012. Y, aliado al propósito de reducir la pobreza en el mundo, la cuestión siguiente fue acordar el “cómo” eso sería realizado.

Para evitar que los nuevos objetivos se queden en las manos del secretariado de las NNUU (como sucedió con los ODM), la Rio +20 rápidamente estableció dos procesos intergubernamentales. El primero, el Grupo de Trabajo Abierto (GTA), para elaborar una propuesta de objetivos que, en ese caso, fueran sostenibles y equilibrados en el trípode social, ambiental y económico. El segundo grupo, la Comisión de Peritos sobre Financiación del Desarrollo Sostenible (CPFDS), debería recomendar cómo pagar la cuenta de los nuevos objetivos. Ahora, ambos informes están concluidos y, juntos con el relato del Panel de Alto Nivel responsable por el monitoreo de la implementación de la agenda post-2015, subsidiarán la 69ª Asamblea, que definirá la segunda fase de la negociación.

Y las negociaciones, en la primera fase fueron bastante tensas... La propuesta del GTA, luego de 16 meses de duros embates, fue concluida en julio, prevaleciendo el acuerdo mayor que era el de llegar a un acuerdo. El documento, aprobado con aplausos nerviosos luego de una última negociación que duró casi 30 horas ininterrumpidas, fue inmediatamente criticado por los países por cuestiones temáticas o procesuales pero, claramente, más allá de los 17 Objetivos y de las más de 100 metas, el mayor producto fue garantizar la base de esa agenda multilateral para erradicar la pobreza.

Sin embargo, todo consenso tiene un precio y ese, pagado en efectivo o en cuotas, no será pequeño luego de que países, sociedad civil y agencias de las NNUU hayan divergido tanto sobre tantos temas. Derechos sexuales y reproductivos, igualdad de género, sociedades pacíficas/acceso a la justicia, ocupación extranjera, terrorismo y cambio climático encabezaron la lista de las controversias, teniendo como trasfondo divergencias sobre los medios de implementación y el debate sobre responsabilidades comunes, pero diferenciadas, entre países desarrollados y en desarrollo.

El movimiento mundial de sida, por ejemplo, se queja de que todo el ODM 6 (sobre sida, tuberculosis y malaria) se haya reducido a una meta única del objetivo de salud. Ya para el Grupo de Mujeres de la sociedad civil (Women’s Major Group), la propuesta actual es poco ambiciosa, no transformará los sistemas económicos y financieros, ni promoverá derechos humanos. “El GTA no presentó medios claros de cómo implementar las metas (...). Los derechos de las mujeres a decidir sobre paz y seguridad y a controlar su sexualidad; los derechos de los pueblos indígenas y los derechos sexuales están gravemente ausentes en esa agenda (...)”. De hecho, aún con el compromiso de Ban Ki-moon de que “nadie será relegado”, la alianza entre musulmanes extremistas y Vaticano impide que gays, travestis y transgéneros, profesionales del sexo y varias poblaciones más vulnerables entren en la agenda de las NNUU.

El problema es que ese resultado sólo refleja tendencias mundiales. Aquí en Brasil, por ejemplo, en la evidente disputa con los fundamentalistas, el ala progresista está perdiendo por 10 a 0. Basta recordar el Plan Nacional de Educación, que ignora la discriminación por orientación sexual y el racismo en las escuelas; de las ideas del Estatuto de Nasciturus y de la Familia; de la represión a las manifestaciones populares; y de la actual carrera presidencial, donde candidatos/as venden el alma, simultáneamente, al diablo y a las Iglesias.

Próximos Capítulos – La 69ª Asamblea General responderá a las cuestiones inconclusas. ¿El informe del GTA será la base del documento-cero de la nueva ronda de negociaciones, abriendo otra vez cada una de las frases acordadas para el debate? ¿La propuesta de los ODS será aprobada como está y el nuevo foco será “cómo” implementarlos, definir mecanismos de gobernanza y los indicadores?

De una forma u otra, los problemas todavía son varios. El informe de los peritos en financiación, por ejemplo, consideró el trabajo del GTA, pero no indica cómo financiar los objetivos, sólo apunta opciones para que cada país elija de acuerdo a las prioridades y contextos. Por otro lado, el Foro Político de Alto Nivel, cuyo mandato tiene instrucciones claras sobre la participación de la sociedad civil, afirma en su Declaración Ministerial (de julio) que un proceso transparente debe contener contribuciones de todas las partes interesadas, pero no le ha dado acceso a la sociedad civil a los documentos durante los debates, llegando a excluir a las ONGs de la observación de las negociaciones informales.

Eso es grave, pues un futuro verdaderamente sostenible exige mecanismos de monitoreo de las acciones gubernamentales y un ambiente propicio para la actuación de la sociedad civil. Los ODS en construcción no valorizan la contribución fundamental y el papel de las comunidades para la democracia mundial. Tanto en las NNUU, como en Brasil la disputa por un Estado radicalmente democrático se intensifica, basta ver la actual guerra contra la Política Nacional de Participación Social.

Sí, hay buenas propuestas que precisan permanecer en la segunda fase de las negociaciones – haber logrado un Objetivo para Equidad de Género y Empoderamiento de las Mujeres, por ejemplo. Pero hay enormes brechas en los pilares sociales y ambientales y falta apetito para romper el paradigma, comprobadamente desastroso, de “crecimiento económico a cualquier costo”. El ODM 8, que trata sobre cuestiones clave para la justicia económica, cuyo fracaso todos reconocen, pidió alianzas globales lideradas por los gobiernos, pero lo que vimos fue el poder del sector privado predominando sobre el interés público, algunas veces hasta erosionando la infraestructura de los servicios públicos y contribuyendo para la combinación de crisis continuas – alimentos, energía y cambio climático y, por su puesto, para las crisis financieras. Y el riesgo de que el sector privado continúe definiendo prioridades públicas post-2015 continúa.

La Agenda post-2015 debería tratar de la democratización de la economía, y reconocer que ningún objetivo de erradicación de la pobreza extrema será suficiente si no incorpora mecanismos para la reducción de la riqueza extrema. Pero eso exigiría, por cierto, mucho más voluntad política que la disponible hoy, ya sea en las NNUU o en Brasil donde, a pesar de que tengamos instrumentos de regulación del sistema financiero, como impuestos sobre transacciones financieras, falta mucho para que aprobemos una tributación progresiva y justa. La reforma tributaria hoy es tan necesaria como la reforma política.

La verdad es que el actual debate sobre desarrollo sostenible en las NNUU influirá modelos urbanos, matrices energéticas y varias políticas globales, materializándose (o no) en servicios de salud, educación, seguridad, movilizando miles de millones de dólares en los próximos 15 años. Afectará a personas que difícilmente sabrán de esta discusión y cuyas vidas la mayoría de los que leen ahora este texto tal vez jamás soporte tener.
Después de andar por grandes barrios pobres en todo el mundo y trabajar en 16 países promoviendo vínculos entre las políticas globales y locales, pensar desarrollo, equidad y derechos humanos es también pensar en las personas que aún hoy ven ratas subiendo en los colchones sucios de sus niñas y niños, sin poder hacer nada. Es mucho fácil explicar la relación entre el colchón sucio, las ratas y las NNUU. Quien siga las negociaciones de los próximos doce meses, entenderá.

Por Alessandra Nilo y Vera Masagão Ribeiro del Grupo de Reflexión sobre Relaciones Internacionales

Para leer el artículo original en portugués haga clic aquí.

* Alessandra Nilo es periodista, coordinadora de la ONG Gestos y directora de estado de la Asociación Brasileña de ONGs (ABONG) en Pernambuco. Es miembro del Grupo de Trabajo de Alto Nivel para Cairo +20 (www.icpdtaskforce.org) y representa a la sociedad civil de América Latina y el Caribe en el Consejo Director de ONUSIDA.

* Vera Masagão Ribeiro es Doctora en Educación por la Pontificia Universidad Católica de São Paulo (1998), representante de la Asociación Brasileña de ONGs (ABONG) e integrante del Grupo de Reflexión sobre Relaciones Internacionales (GR-RI).